Tus manos son seducidas

por las montañas en donde

las almas yacen olvidadas
por el tiempo.

Tus ojos iluminan
como un cielo estrellado
mi oscuridad
a unos pasos de mi voz.

Tu voz temblorosa
ante el pedido de otros labios
encierran la soledad
que no te dejo ir en años.

Tu sonrisa traviesa
huye entre la jungla de tentaciones
queriendo ser atrapada
por las ilusiones de tu infancia.

Tus brazos de enredadera
protegen mi jardín en invierno
callando el zumbido del viento
cobijando la fértil tierra.

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