Amaba todo de usted;
Esa primer sonrisa al despertar, el tiritar de sus dientes al experimentar el frío por las mañanas, disfrutaba de su dulce aroma y el tacto de su piel áspera (De cocodrilo), esas tardes en el parque, en algún café o en cualquier punto de esta inmensa ciudad. Amaba tanto aquellos días, nuestros días, nuestras risas, nuestros llantos. 

Realmente era un espectáculo el simple hecho de observar su silueta dirigirse poco a poco hacia este cuerpo desdichado. 
No he conseguido encontrar en ninguna otra piel todas aquellas manías, no he logrado hallar a nadie con esa pose de Diva, siempre tan segura y arrogante a la hora de seducirme. 

Amaba esas tardes en casa, claro que, solamente cuando usted me honraba con su presencia, el ambiente fúnebre de aquella estancia merecía realmente el título de “Hogar”. Yo amaba justamente eso, el simple hecho de que usted y su presencia me regalarán esa satisfacción y todo ese mar de sensaciones que jamás había experimentado y hasta el momento, no he querido experimentar con ninguna otra persona. 

La amaba a usted, a nuestros días, nuestras risas, nuestros llantos… 
Aunque quizá usted no los recuerde.
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