Creo que una de las cosas que siempre son dignas de recordar, es el verdadero lugar de la felicidad, del amor, y de la paz. Dos de ellas son una decisión y la otra (el amor)… es lo que somos. Ninguna de las tres, las conseguimos fuera de nosotros.
Nos haríamos mucho bien, si dejáramos el pensamiento infantil de creer que “alguien me puede dar, lo que yo no soy capaz de hacer por mí”. Entonces, si el amor que percibimos que nos dan, es el reflejo de cómo nos amamos, la solución aquí es… ¡AMARNOS MÁS! Todo eso que le pedimos al otro(a) es una señal de lo que aún no nos hemos dado.
Si seguimos pensando que eso que nos falta, lo vamos a conseguir fuera de nosotros (es decir, que lo va a traer otra persona)… creo que primero pasamos a mejor vida… y después es que pasa eso (quizá).
Generalmente, a quien no le gusta esto que acaba de leer, es porque siente que no tiene la capacidad para amarse, o que no quiere escuchar, lo que su consciencia desde años le quiere decir (porque duele).

Por eso el ego siempre ha optado por buscar afuera.

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