El pabellón estaba lleno de gente en ese momento. La batería, el guitarrista, y la vocalista, la cuál se movía al ritmo de la música, de un lado para el otro del escenario, hacía encender las voces del público. La iluminación cambia, dejando al batería, y al coro iluminados por unos instantes, los necesarios para pasar a la vocalista de nuevo, mientras que el público hace vibrar sus cuerdas vocales mientras que la cantante alza la voz por el estrepitoso escándalo que ha montado con su intervención músical. Irene, micrófono en mano, hace levantar las voces de todo el público cuando la música va progresando por el camino de la excitación de la gente joven que canturrea, sin el mismo estilo, el estribillo que canta Irene. Llega el estribillo, y los jóvenes hacen gritar a los mil pulmones por banda para decir el estribillo que la joven cantante intenta cantar al excitado público que se había congregado en el pabellón de deportes para la fiesta de fin de curso de la promoción de 4 de la E. S. O. los cuales pasaban a bachiller, el temido bachiller que todos odiaban. La música cesa por completo, todos aplauden la intervención de la joven cantante. Muchos la felicitan, mientras que el batería y el guitarrista hacen de las suyas, picándose entre ellos y aumentando el clamor del público. Noelia y el resto de sus amigas estaban sentadas en unos bancos laterales del pabellón, observando el nivel de público masculino que había asistido a la graduación de los alumnos de cuarto.
‐ Ese de ahí no está mal ‐declaró Andrea con una sonrisa maliciosa
‐ ¿Qué dices? Pero si es el marginado de la clase ‐le responde Cristina
‐ Era broma, Cris. Me gusta que lo pase mal.
Noelia ve con malos ojos las críticas que realizan sus amigas respecto a Nacho, un chico, bastante tímido y reservado, que normalmente se sentaba al final de la clase. Pero lo que más le preocupaba a ella, eran sus ojos, de colores vivos, pero no brillaban como cabría esperar de un chico que pasa de la edad infantil a la edad adulta y responsable. De repente, alza la mirada y encuentra a la chica observándole, en plena fase de estudio visual. Ruborizado por el cruce de miradas, vuelve a bajarla, mientras que Noelia mira a sus amigas que siguen criticando al sector masculino de la fiesta, que se habían reunido en una esquina del espacioso polideportivo. En ese momento la música pertenecía a una versión de Maná “Labios Compartidos”, la canción favorita de Noelia.
‐ Mira, Noe, tú canción preferida….‐exclama Cristina ‐Amor mío… Si estoy
debajo del vaivén de tus piernas Si estoy hundido en un vaivén de caderas
Esto es el cielo es mi cielo ‐berrea la canción favorita de su amiga
‐ ¡La estás estropeando, Cris! ‐grita enojada, pero pícaramente, a su amiga
‐ Vale, ya paro ‐se detiene la chica
Las chicas sonríen por la actuación, penosa y a la vez divertida, de su amiga. Risas. Miradas y cotilleos, eran los secretos de las tres amigas de Cuarto D de la E.S.O. Noelia vuelve a mirar a Nacho, sorprendiendo otra
vez, con los ojos fijos en ella.
‐ El chato no te quita ojos de encima en toda la noche‐advierte Dunia que
no deja de seguir con la mirada la dirección que los ojos de Noelia toman.
‐ Me preocupa ‐responde sin mirarla
‐ ¿¡Te Preocupa el marginado de la clase!? ‐exclama, más de la cuenta,
Dunia.
‐ No le llames así. ¿Y sí estuvieras tú en su lugar? No sabes que le pasa.
‐ Imposible, porque estoy con vosotras, por lo tanto no estaría marginada
Noelia sonríe, es verdad. Ella lo sabía. Las tres amigas habían compartido risas, alegrías, y algún que otro llanto sobre relaciones con los hombres, espíritus libres encarnizados por sus hormonas del crecimiento.
‐ ¿En qué te basas para que te preocupes por él?
‐ No sé, pero sus ojos no brillan como lo deberían hacer los ojos de los
chicos ‐razonó la chica
‐ ¿Qué pasa? ¿Ahora te fijas en los ojos? Ya se le pasará, tendrá un mal día cómo siempre y por eso está así. Además, no le hagas mucho caso, si no quieres estar tú también marginada, aunque claro, con nosotras, no podrás escaparte, ni mucho menos de mí.
‐ Quiero informarme de porqué está siempre tan triste.
‐ Pues venga, ve, levántate. ‐dice Dunia animándola
‐ ¿¡Estás loca!? ¿Cómo voy a ir así, sin más?
‐ Ah no sé, tú misma te contradices, primero dices que le vas a hablar, y
ahora que no te atreves, me dices que cómo vas a ir así, pues chica, no te
entiendo.
<> Desvía la mirada. Busca entre la multitud a una persona. Pero es prácticamente imposible ignorar esa mirada, esa extraña mirada, sus ojos van hacia donde está Nacho. ¿Qué diablos está haciendo? Esa noche está muy rara. Algo en su mente le dice que debería de hablar con ese chico. No sabe el porque, pero tiene la obligación de hacerlo. <> Noelia intenta seguir la conversación que mantienen Cristina y Dunia sobre las relaciones de pareja, esas conversación que parecían tan largas cuando a penas iban a segundo de la E.S.O. Pero algo le impide su concentración en la conversación que mantienen sus amigas. Y vuelta a mirar al chico, que esta vez no responde a su mirada, así que aprovecha para escrutar más a cerca del rostro del muchacho. Pero ¿Qué le estará pasando? ¿No sentirá lástima por ese chico desconocido para ella? Puede ser, pero ¿Por qué dirige siempre su mirada hacia él?
‐ Noelia
Dunia le saca de sus pensamientos al pronunciar su nombre. Sobresaltada, dirige la mirada hacia su amiga y trata de olvidarse de la mirada de ese chico, extraño y lastimero a la vez.
‐ Estás….rara esta noche ‐afirma Dunia
‐ Es el cansancio ‐admite sin convencimiento
‐ Cansancio, dice. Pero ni siquiera son las dos de la mañana ¿Cómo vas a
estar cansada, si a penas has bailado al son de Sakhira? ‐aclara Cristina
mirando el reloj de su mano izquierda.
Noelia vuelve a fijar la vista en el chico. Pero Nacho ya no está sentado. Lo que ella no sabe, es que al sentirse tan deprimido, tan cansado de su propia vida, se ha salido fuera para hacer algo que solo hacen las personas que sufren; llorar. En ese instante aparece el novio de Cristina, Álvaro González, jugador de Fútbol del instituto, musculoso, alto, para ser de un alumno de cuarto de la E.S.O que pasa a primero de bachillerato. Sus ojos son azules brillantes, pelo rubio, peinado normalmente en forma de cresta, y una sonrisa salvaje que le delata esa dentadura tan perfecta que tienen algunos jugadores de fútbol. Al ver al grupo de amigas sonríe deleitando el rostro de Cristina. <> Cris, cómo dice él muchas veces a sus amigos.
‐ Hola, chicas ‐saluda Álvaro besando dulcemente los labios de Cristina.
‐ Hola Álvaro ‐saludan las demás
‐ ¿Te hace un baile, Cris? ‐pide, camelándose el sentido racional de su
novia.
‐ Claro. ¿Qué canción quieres bailar? ‐
‐ Ilusionas mi Corazón, ¿Ves? Le dje al Dj, que lo pusiera. Será <>
baile ‐responde con un ligero roce en los labios de Cris.
Ilusionada, y feliz, coge de la mano a Álvaro. <> Álvaro, y antes de mezclarse con el resto del
personal estudiantil en estado de noviazgo, se gira, y mira a las dos amigas de Cristina.
‐ Por cierto, está el solitario, el marginado de clase llorando ahí fuera. Se lo
merece ‐argumenta sonriendo Álvaro con su sonrisa perfecta y maliciosa.
<> declara la mente de
Noelia. Dunia también se retira para hablar con Nico, un alumno de intercambio que le robó el corazón, según manifiesta Miriam, hermana del chico. Noelia, aunque resignada, se levanta y en lugar de entrar en el tumulto de la gente juvenil, danzando una música lenta y tal vez triste, se dirige hacía
la salida. Cruza puertas y escaleras para llegar a donde Nacho, solloza con las manos entre las piernas para ocultar su dolor.
‐ ¿Molesto? ‐pregunta indecisa la muchacha
Ni siquiera se ha molestado a mirar quien ha hablado <>.
‐ ¿Estás bien, Nacho?
Parece que reacciona al decir su nombre. Al verlo, el alma se rompe en pedazos dentro de la chica. Cómo si fuera un cristal dañado por haber recibido un golpe y haber caído al suelo siendo fragmentado en miles de cristales pequeños esparcidos por el suelo. Estaba sangrando por la boca y también lloraba. Noelia, compungida ante el dolor del muchacho, decide quedarse ahí, para hablar. <> Mira a su alrededor. Ve que no hay nadie.
‐ ¿Puedo sentarme? ‐
El chico asiente. Sin siquiera mirarla. Noelia trata de aparentar tranquilidad, una tranquilidad que le falta, sin saber el motivo de esa intranquilidad que le produce el estar junto a un chico que desconoce completamente.¿Tal vez miedo a que se hunda más de la cuenta? ¿Miedo? Pero si ni siquiera ha entablado una conversación como dios manda con ese chico.
‐ Gracias. ‐le agradece la chica tras haberle dejado sentarse al lado de él
Nacho prefería estar en silencio y solo antes que estar acompañado y desvelar todo lo que le aprisionaba en la altura del pecho. Nunca ha estado con una chica a solas. El sollozo es audible para Noelia, que intenta sacar fuerzas en donde no las hay.
‐ N..no tienes qu…que darm…darme las g‐gracias ‐responde, sollozando.
Cada palabra que dice parece que le estuvieran haciendo daño. Es cómo si alguien tirase de ellas, forcejeando las cuerdas vocales del chico. Noelia sonríe. <> Ningún chico diría eso a una chica. Hoy dia, y ella lo sabe, la mayoría ni siquiera te trata como lo que eres, es decir, persona. Los chicos la miran como un objetos, pero todos no, él, parece distinto, cómo si fuera diferente. Echo de un molde distinto, con unos sentimientos….Espera, espera. ¿Qué estoy diciendo de sentimientos? Me da lastima, pero..Noelia intenta olvidarse de ese pensamiento, extraño y tal vez sin sentido.
‐ ¿Cómo te llamas? ‐pregunta intentando romper el hielo de la
conversación. Nacho se restriega una mano por la nariz para quitarse la sangre, pero esta sigue estando presenta. La chica abre el bolso y rebusca dentro de él. Coge un paquete de pañuelos con olor a meta, y le ofrece uno al chico.
‐ Gracias ‐responde, esta vez sin esfuerzo pero con timidez.
La chica esboza una sonrisa y repite la misma fase que Nacho había utilizado antes.
‐ No hace falta darlas.
Nacho parece estar más animado. La cabeza está más limpia que antes, pero no deja de sollozar.
‐ No eres como las demás ‐
‐ ¿Qué quieres decir? ‐intenta saber la chica tras la frase dicha por los
labios de Nacho.
‐ Qué no te metes conmigo ‐responde
‐ Ah….yo no soy de esas. Yo no soy de los que insultan a la gente. Mi
abuela siempre me dice que “Antes de Juzgar, piensa”. No temas, que no
te voy a insultar.
Nacho parece esbozar una tímida y pequeña sonrisa. <>. La chica mira a su alrededor. Hace una noche despejada y por tanto las estrellas están a la vista, dispuestas a ser observadas por la gente que disfruta de un anochecer único. Nacho alza la vista y emite un pequeño suspiro.
‐ ¿Te gustan las estrellas? ‐pregunta la chica sonriendo.
‐ Mi madre es una de ellas .
Noelia no entienda esa frase. ¿Qué dice que es su madre?
‐ Perdón, no te he entendido, ¿Qué has querido decir?
‐ Que mi madre es una de ellas ‐responde de nuevo.
Esa frase le deja señalada. Noelia mira a Nacho y después a las estrellas. No quiere preguntar lo que su mente está deseando saber, aunque la respuesta ya la sabe. Al parece, Nacho, el marginado de la clase, el que todas ven en él el punto débil para sus insultos y críticas, no tenía madre. Ese pilar muy importante en la vida de uno. Ahora sí que le da profunda tristeza. Se imagina a ese chico, creciendo solo, sin esa madre que le protega, que le de parte de su corazón. Teme meter la pata y se guarda la pregunta para otro momento. Pero es él quien empieza a hablar. Parece que quiere soltarlo todo de una vez, y ella no le interrumpe.
‐ Vivo con mi padre. Mi abuela se fue porque no soportaba que mi padre llegara todos los días borracho a mi casa. ¿Te lo puedes imaginar? Siempre me metía debajo de la cama, porque no quería que me pegara…
‐ ¿Te pegaba? ‐enfadada consigo misma por haberla interrumpido, piensa
y le pide disculpas ‐perdón, continua, por favor.
‐ Me pegaba.
‐ ¿Por qué? ‐con cada pregunta que le iba haciendo descubría algo, una parte de ese chico entraba en ella. Nacho, un chico débil, indefenso, triste, sin la figura materna en su vida, estaba entrando en su vida, sin saber hasta qué punto estaba entrando.
‐ Porque se pensaba que yo había matado a mi madre
Noelia abre la boca por la sorpresa, emitiendo un leve <>. No se imaginaba el dolor que estaba pasando por lo que contaba Nacho.
‐ Pero no lo hiciste. ‐admite Noelia, intentando quitarle ese punto de
culpabilidad que veía en él.
‐ Hubo un tiempo en el que creía que yo había sido el culpable, pero cuando se tienen diez años, piensas cualquier cosa. Con los años he ido quitandome esa culpabilidad que tenía. Ayer fue mi cumpleaños, y mi
padre me volvió a pegar.
‐ Cuanto lo siento. ‐mira hacia abajo, triste, con algo roto en su interior ‐felicidades, si fue tu cumpleaños.
‐Gracias. No sabes cuanto agradezco que una persona me felicite por mi
cumpleaños
‐ ¿He sido la unica que te ha felicitado?
Nacho asiente
‐ Vaya, lo siento mucho.
‐ No te preocupes. He sido el punto débil durante ‐hace cuentas con la
mano ‐durante toda mi vida.
Noelia se siente más que culpable por haber propiciado críticas contra él,
sin saber muy bien la historia de ese chico. Por lo pronto descubre que
una pequeña lágrima resbala por su mejilla. ¿Estaba llorando? ¿Qué le
pasaba aquella noche? Parecía otra Noelia, parecía una chica diferente.
Algo había tocado dentro de ella, pero ¿Qué era lo que le había
cambiado? Ella no lo sabía. La chica sacó el móvil para ver la hora…<<¡Dios
Santo!; las tres y cuarto>>
‐ Oye, Nacho, tengo que irme, mi padre me recoge dentro de un cuarto de
hora. ¿Quieres que te acerquemos a tú casa?
Levanta y la vida, y ve en ella que no le miente. Qué verdaderamente
puede confíar en ella.
‐ Gracias. Así me evitáis caminar dos horas por la careterra. ‐contesta el
chico levantandose torpemente.
Noelia mira al chico y le muestra su confianza.
‐ No hace falta darle las gracias.
Nacho esboza la primera sonrisa. Para Noelia la primera sonrisa de la
noche. Para Nacho la primera en toda su vida.

(Libro en Wattpad de Álvaro Prian: Un Sólo Corazón Para Dos Voces)

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