En mi memoria perdura aquella vez que vi abrir tus ojos. La primera vez que se posaron en mí como un cazador hambriento, un instante en el que nuestro tiempo se paró en seco. A penas unos segundos bastaron para darme cuenta de que tus ojos eran verdes. Desde ese día, cada vez que tu mirada buscaba la mía, mis ojos repelían los tuyos. Sin saber el por qué de aquella manía, era incapaz de levantar mi mirada para encontrarme con la tuya. Llegué a pensar que tus ojos me apartaban, me echaban… no podía evitar tener curiosidad y miedo. Transcurrían los meses y mi mayor objetivo era mantener fija la cabeza y no apartarla al acercarte, pero me resultaba una misión imposible mirar a través de tus ojos. Llegó un momento en el que aquel imán que desde un principio me repelía, fue atrayéndome más y más fuerte… La timidez fue sustituida por la curiosidad mutua y el amor floreció entre la distancia que ocupaba nuestras miradas.

Verdes esmeraldas solía llamar a tus ojos. Tan profundos como un sueño, tan sinceros y abiertos hacia mí. Me llegaron a proporcionar seguridad con cada charla, y cada vez que sonreías y tus ojos se rasgaban, no podía comprender como siempre el color verde se dejaba asomar. Eran tan intenso que me producía escalofríos. Cuando ya pude fijarme prácticamente del todo descubrí que en tu ojo derecho guardabas una mancha marrón encima del iris. Esa marca tan característica de ti, tan pequeña y tan destacada en tu visión. Me costó fijarme en aquella salpicadura, pero gracias a ella comencé a estudiar lo diferentes que resultaban tus ojos al resto.

Si te soy sincera jamás he vuelto a encontrar unos ojos como los tuyos, me encantan. De lejos aparentas ser una persona bastante seria y a menudo cabezota, y sin conocerte da la impresión de un hombre reservado a sus adentros y a nadie más. Pero entorno a tu rostro al fijarse en los dos profundos huecos esmeralda, en tu cara se refleja un niño tierno e ingenuo.
Tan joven, tan bello… con un cabello oscuro que resalta más aún tus dos mejores dotes, has conseguido enamorarme por completo. 

Y recuerda que ésta es solo una de las razones, hay infinitas pero sin dudarlo un momento, esta razón es la que más me gusta.

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