He soñado algo en mí corriente. Algo que siempre suele pasar en sueños. Una cosa que siempre hace temer el destino, a pesar de ser un hecho irreal. 
Una acción imaginaria, tan dura que hasta parecía real.


Te mantenías lejos de mí, en aquella estepa desértica en la que sólo estábamos vivos tú y yo. En aquella nada que el sol había castigado con tierra yerma, y había despoblado de vida alguna cualquier centímetro de espacio. 

Al principio situé mi pánico en la cabeza, perpleja y ya ansiosa por saber, incluso, si mi cuerpo pedía respirar. Pero unos segundos más tardé divisé a lo lejos tus piernas, tu pecho, tu cabeza… esa silueta que tanto solía gustarme y entonces, el pánico se mudó a mi pecho en tan sólo un instante. Por desgracia la luz cegaba mi adrenalina, dando consigo paso a esa desesperación tan extinta que suele brotar del amor. Esa que te hace sentir incompleto, débil y solo, a pesar de tenerte a ti mismo. Esa característica tan conseguida por unos pocos privilegiados, aquellos que sí que saben amar. Los únicos, que no saldrían corriendo ni del infierno sin su supuesta mitad de la mano; juntos o ninguno.

Y allí estaba yo, en esa clase de sueños en los que tu cuerpo es parapléjico a tu voluntad. Esa clase de sueños en las que por mucho que tu mente ansíe correr, huir o escapar; tu cuerpo jamás atiende a razones, abandonando con sencilla rapidez tu mandato.
Para rematar la situación el sol hacia que el calor agobiase mis ánimos, y tú permanecías allí parado, inmóvil. Congelado en el tiempo, al menos para mí. 

Entre mi cuerpo desobediente y mis planes en proceso dentro de mi cabeza, entremedias se dejó caer por allí la distancia. Lo que significa para mí la distancia en la vida real. Era exactamente lo mismo a esto, aunque parezca otra estupidez de las mías. Sí, no son los metros ni los kilómetos que nos separaban en aquel sueño, sino… mas bien la sensación. Idénticas en ambos mundos. Los dos permanecemos en contacto, aunque a veces no nos miremos, seguimos separados y ansiamos vernos. Deseamos volver a tener contacto en todo momento a pesar de que… nuestro cuerpo no cumpla las expectativas. Es por eso que no tiene que ver la distancia en esto, sino nosotros mismos y el empeño que pongamos en ello.

” EL MUNDO NO ES INFINITO Y NADA ES IMPOSIBLE. PODEMOS VERNOS, PUES, CUANDO Y DONDE QUERAMOS SI LOS SENTIMIENTOS PONEN DE SU PARTE LA SUFICIENTE FUERZA”.

No se por qué soñé esto la otra noche, el caso es que fue una de esas noches en las que pensé sin estar despierta. Abandoné por un segundo la fantasía y busqué la solución al por qué de mi inmovilidad en ese sueño en concreto. 
Quizá fuera porque mi cabeza quería hacerme pasar un mal trago, una broma hacia mis sensiblerías. El caso es que, hasta en mi subconsciente me doy cuenta de muchas cosas, de “nuestras cosas”.


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