Hay muchas cosas que debemos aprender en la vida. Muchas de ellas nos las enseñan nuestros padres al nacer, otras nos las enseñan otros de nuestros familiares, muchas se aprenden en la escuela o de nuestros amigos, y muchas se aprenden con el diario vivir.
Normalmente es fácil sentarte en la noche justo antes de acabar el día, reflexionar y sacar qué aprendiste en este nuevo capítulo de tu vida, pensar “Mañana seré mejor persona” o “En otra oportunidad actuaré mejor” y acostarte a dormir con una sonrisa. Sin embargo, no siempre es así.
Me gustaría decir que al final del día es bueno tener algo que sacar, algo que decir, mas hay ocasiones en las que simplemente tu quicio no te da para ver el lado positivo de las cosas. Hay veces en las que desearías sólo recapitular y no haber vivido ese día, días cuya moraleja tarda semanas (si no meses) en ser asimilada.
(Rencor) Errores incometidos que simplemente te hacen preguntar “¿por qué?” sin obtener una respuesta. Muchas veces fallamos por hacer estupideces, otras veces fallamos por no hacer estupideces que simplemente mejorarían nuestra calidad de vida. (Consciencia) Y simplemente nuestra conciencia genera un rencor contra nosotros mismos, somos un caso perdido y ya no tenemos más que buscar. ¿Cómo sera posible que sobrevivamos en un mundo tan hostil si ni siquiera somos capaces de controlarnos a nosotros mismos? ¿Acaso vale la pena seguir intentando?
(Silencio) Sí, obviamente nadie responde, nadie responde porque nadie nos escuchó y sin respuesta nos quedamos. No hay decisión definitiva ni suficiente carácter para cometer un acto culminante, por lo que seguimos igual. No somos capaces de reaccionar.
Y luego de leer esta prosa que debió ser poesía, sólo queda un consejo inesperado salido de la nada:
Sigue intentando.

  ”Phinitie”

Anuncios